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Leer como hábito, descubrir como gracia

En un mundo saturado de pantallas y notificaciones, abrir un libro se ha convertido en un acto de resistencia… y de gracia. Leer es entrar a un mundo distinto, como conocer a una nueva persona. Detrás de cada tapa hay verdades esperando ser descubiertas, ideas que despiertan el alma, y páginas que hablan al corazón. Así describo hoy mi amor por la lectura: como un regalo que Dios me concedió, sin que yo lo supiera al principio.

No fue siempre así. Recibí mi primer libro cristiano como un gesto de cortesía: un obsequio que acepté sin muchas expectativas, convencida de que quedaría guardado sin ser leído. Pero decidí abrirlo… y terminarlo. Para mi sorpresa, me atrapó. Ese fue el inicio de una aventura: vinieron más libros, algunos leídos sola, otros en compañía de mujeres creyentes. Y con cada uno, Dios iba despertando en mí un deseo mayor por aprender, crecer y meditar en Su verdad.

Nace un club, nace una comunidad

Con el paso del tiempo, la lectura dejó de ser un hábito para convertirse en una herramienta de discipulado. Comencé a compartir libros con otras personas, a recomendar lo que me edificaba, y a rodearme de mujeres que también amaban aprender. Fue así como nació la idea del Club de Lectura Mujeres que leen: un espacio pensado especialmente para mujeres que quizás aún no se consideran lectoras, pero que están dispuestas a intentarlo.

Este club busca conectar corazones por medio de la lectura cristiana, ofreciendo la oportunidad de crecer juntas, descubrir nuevos autores, compartir impresiones y ser edificadas en comunidad. Es una invitación a detenernos, abrir un buen libro, y permitir que Dios use ese tiempo para transformar nuestro entendimiento y fortalecer nuestra fe.

Leer para conocer más a Dios

Desde el inicio, mi enfoque ha estado en la literatura cristiana. Libros centrados en el evangelio, en la vida de iglesia, en el carácter de Cristo y en cómo servir a los demás. Muchos de estos libros han sido recordatorios fieles de verdades que Dios ya ha dicho en Su Palabra, pero al leerlos se sentía como conversar con alguien que deseaba profundamente que yo creciera en el conocimiento del Señor.

Y es que eso es lo más hermoso de este hábito: la lectura cristiana no sustituye la Biblia, sino que te lleva a ella. Un buen libro no compite con las Escrituras, sino que te impulsa a meditar en ellas. En mi vida, la lectura se ha convertido en un medio de gracia que Dios ha usado para afirmar mi fe, moldear mi carácter y recordarme que el mayor tiempo debe estar siempre en el único Libro que ha sido inspirado por Dios: la Biblia.

¿Te animas a leer con nosotras?

Nuestro club está abierto para mujeres de todas las edades y etapas. Leemos un libro cristiano cada mes, y lo compartimos en comunidad a través de encuentros, charlas y recursos complementarios. Aquí no buscamos lectoras perfectas, sino corazones dispuestos. ¡Tal vez descubras que tú también eres una lectora dormida que solo necesitaba una pequeña invitación!

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